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2. Educar con valores


Si quieres educar a tu hijo para que tenga un comportamiento seguro y responsable en Internet y teléfono celular puedes aprovechar distintos momentos de la convivencia para modelar, reflexionar y enseñar los valores.

Por ejemplo, las películas ofrecen a menudo ejemplos vividos que invitan al dialogo con tu hijo. Puedes aprovechar los siguientes ejercicios éticos para guiar la conversación. Son simples guías no un interrogatorio. Tal vez uses solo un experimento para dialogar con tu hijo, preguntarle lo que piensa, decirle lo que piensas tú y tal vez compartir alguna experiencia similar, bien o mal manejada.

1. LA REGLA DE ORO: ¿Me gustaría que me traten así?

2. El EXPERIMENTO DE LA JUSTICIA ¿Es justo lo que digo y hago para los demás? ¿Hay alguien que se ve afectado?

3. EL EXPERIMENTO ¿QUE PASARÍA SI TODOS LO HICIERAN? ¿Me gustaría que los demás lo hicieran? ¿Me gustaría vivir en un mundo así?

4. EL EXPERIMENTO DE LA VERDAD ¿Esta acción es la verdad completa, y nada más que la verdad?

5. EL EXPERIMENTO DE LOS PAPAS ¿Cómo se sentirían mis papás si supieran lo que hice?

6. EL EXPERIMENTO DE LA RELIGIÓN ¿Va en contra de mi religión?

7. El EXPERIMENTO DE LA CONSECUENCIA ¿Puede tener consecuencias negativas, como el daño de una relación o la pérdida de respeto de mí mismo ahora o más tarde?

8. EL EXPERIMENTO DE LA CONCIENCIA ¿Va en contra de mi consciencia? ¿Me voy a sentir culpable después?

9. EL EXPERIMENTO DE LA PORTADA DE LA REVISTA ¿Cómo me sentiría si mi acción se reporta en la portada de la revista de mi escuela?

BIBLIOGRAFIA Lickona, T. (2004) Caracter matters. How to help our children develop good judgement, integrity and other essential virtues. New York: Simon and Schuster

1. Educar en épocas del Internet


El desarrollo de los medios electrónicos ha sido fantástico en los últimos 15 años y promete cambios aún mayores. Entre ellos el Internet, las redes sociales y la telefonía móvil están cambiando profundamente nuestra convivencia social y familiar. Si bien estos desarrollos nos acercan la posibilidad de acceso a la información y a la conexión con los demás (yo misma soy usuaria cotidiana del Internet), también implican riesgos extraordinarios. 

El Internet es una plaza pública en la que nuestro hijo puede establecer una conexión inmediata con  todo tipo de materiales riesgosos:

       Sexo riesgoso: pornografía, contacto con pederastas, contacto personas potencialmente dañinas.
       Cyberbullying y amenazas cibernéticas: acosar a otros o ser víctima de acoso.
       Materiales agresivos: normalización de escenas de violencia.
       Apoyo para conductas autodestructivas: soporte a conductas de anorexia, automutilación y suicidio.
       Grupos de odio y discriminación: fomentar la discriminación racista, clasista o de género.
       Adicción a juegos de diversa índole y fomento de las apuestas.
       Plagios para hacer tareas de la escuela

La telefonía celular ha incrementado el problema. El Blackberry y el IPhone acompañan a nuestros hijos las 24 horas y ponen a su disposición el mundo entero. 

¿Cómo podemos proteger a nuestros hijos para utilizar responsablemente y de manera segura los medios electrónicos? ¿Cómo protegerlos para no ser acosados ni acosadores en sus relaciones virtuales?

No podemos detener los avances de los medios electrónicos. No podemos poner a nuestros hijos en una burbuja y aislarlos del resto del mundo, de sus compañeros y de nuestra época. No podemos evitar que nuestros hijos tengan algún contacto con materiales inadecuados. No podemos estar con ellos para protegerlos continuamente.

Sin embargo no quiere decir que estamos desarmados. Debemos estar presente en la vida de nuestros hijos y tomar cartas en el asunto. La educación para los medios electrónicos es solo una parte de la educación en general. En nuestra convivencia con los hijos debemos fomentar actividades no virtuales con nuestros hijos, en los cuales podamos promover y enseñar valores. (Ver 2. Educar con Valores)

Common Sense Media (http://www.mediosconsentidocomun.org) la organización para la seguridad en Internet  recomienda los siguientes lineamientos para los jóvenes. Comparte estas ideas con tus hijos.

1.       Protege tu vida privada: Lo que las personas saben de ti, depende de ti. No hay secretos en línea. 
2.       Protege tu reputación: Lo que hoy es chistoso o divertido, mañana te puede avergonzar.
3.       Nada es privado en Internet: Todo lo que digas o hagas puede ser copiado y distribuido a miles de personas.
4.       Piensa que todos te están observando: padres, maestros y enemigos.
5.       Aplica la regla de oro: ¡No hagas a otros,  lo que no quieres que te hagan!
6.       Checa tu reloj: No pases todo el día frente a una pantalla, invierte tu tiempo en otras actividades.
7.       Elige bien: ¡No todo lo que está en Internet es bueno para ti!
8.       No te escondas: No utilices nombres falsos para decir cosas malas. Nunca eres tan anónimo como piensas, siempre te pueden descubrir.
9.       Reflexiona lo que ves.
10.   Muestra inteligencia y actúa con seguridad.


Cuando estalla un berrinche

Los berrinches se pueden dividir en dos categorías: los que se deben a la frustración o los que son inducidos biológicamente (fatiga, hambre, enfermedad e hipersensibilidad).

Los berrinches debidos a la frustración pueden ser controlados por el niño, pero requieren que el padre ayude a calmarlo. Algunos berrinches buscan claramente la atención del adulto, como lo muestra el video que publiqué en una entrada de este blog.

Los berrinches biológicamente inducidos requieren atención de parte del adulto. Algunas sugerencias son:

1.       Relájate, cálmate y respira hondo. El berrinche del niño puede ser un reflejo de como te sientes  tú u otros adultos que se encargan del niño, o se parece a lo que sienten estos adultos. Calmarte a ti mismo puede calmar al niño también.
2.       Si necesitas hablar, hazlo suave y tranquilamente; evita hacer preguntas.
3.       Si el niño esta enfermo (gripa, fiebre, dolor de oídos) atiende la enfermedad inmediatamente o por lo menos promueve el confort del niño.
4.       Determina si el niño esta cansado. Si es así arrúllalo para que se duerma.
5.       Si piensas que tiene hambre, dale algo sano para comer.
6.       En caso de hipersensibilidad, remueve la causa que piensas que genera la hipersensibilidad.
7.       En caso de simple frustración, enfoca la frustración y no la causa de la frustración. No cambies reglas importantes debido al berrinche.
8.       Si el berrinche sucede frente a público, detén la actividad, en el parque, durante una visita o durante compras. Quédate cerca del niño y espera que se calme la tormenta.
9.       Si el berrinche no termina, deja lo que estas haciendo y regresa a la casa. No hables con el  niño y guarda tu enojo y frustración.

Finalmente es importante darte cuenta que al ser el principal cuidador del niño, tienes poder de influenciar el estado emocional del niño. Mucho más poder de lo que crees.

Asegurare de cuidarte a ti misma (o mismo) para tener cargadas las baterías. Si mantienes un estado emocional balanceado, tu hijo va a poder balancear su propio estado de ánimo mucho mejor. En el peor de los casos, si te sientes centrado vas a tener la fuerza de saber mejor que hacer ante un berrinche.

Los berrinches a veces requieren audiencia

Tocar el tambor para controlar impulsos.

Drummer boyEl control de impulsos es la habilidad de pensar antes de hablar o actuar. Es muy importante pues permite al niño evaluar las consecuencias de sus actos antes de actuar.

No es fácil enseñar a los niños un concepto tan abstracto como el control de impulso. Por ello es importante realizar actividades que muestren de forma vivencial la actividad.

La siguiente actividad es propuesta por Mendel para regular la fuerza y cantidad de movimiento al completar una tarea. En general los niños con poco control de impulsos tienen la tendencia a moverse de manera brusca, fuerte y frecuente. Su impulso a moverse es mas rápido que su vocecita interna que les dice que vayan más despacio.

Actividad: Seguir el tambor

  • Toma dos ollas y dos cucharones para hacer dos tambores.
  • Inicia dando un fuerte golpe a la olla con el cucharón para ayudar a que el niño se sensibilice con la actividad. Preguntale al niño, "¿Fue un golpe fuerte o suave?"
  • Repite lo mismo dando un golpe suave.
  • Deja que el niño imite con su tambor el golpe con la misma fuerza.
  • Ahora cambia el turno. El niño da un golpe en su tambor y tu debes de decir si fue fuerte o suave y luego imitar su movimiento.
  • Tomar turnos y permitir que el niño tenga el control, lo motiva para seguir jugando.
  • Ahora toca una secuencia de golpes en el tambor utilizando un ritmo mediano, ni demasiado rápido ni demasiado lento. Deja que el niño toque contigoimitando el ritmo que propones.
  • Luego deja que el niño solo imite el ritmo que le mostraste.
  • Aquí es donde generalmente muestra su impulsividad. El niño va a querer ponerse salvaje y tocar con fuerza y rapidez el tambor.
  • Utiliza esta oportunidad momento enseñarle. Pon música suave y pidele que siga el ritmo de la música.
  • Finalmente experimenta con el número de golpes que das al tambor. Primero da tres golpes y pide al niño que imite el número de golpes. Luego ve incrementando el número de golpes hasta llegar a la cantidad que el niño sea capaz de escuchar, seguir e imitar.
  • Los niños que tienen dificultad de seguir el número de golpes o recordar el número de golpes, pueden cerrar los ojos mientras escuchan.
  • Cuando el niño esta listo puedes combinar la fuerza, el ritmo y el numero de golpes en el tambor.

Bibliografía
http://kidsatthought.com/2010/05/27/2-very-simple-activities-to-help-children-learn-impulse-control/

Fotografía
Jak Moore http://www.flickr.com/photos/jakmoore/431050672/in/set-72157603819504538/

Competencias chuscas

La vida no puede ser lúdica y divertida todo el tiempo, sin embargo hacer competencias  chuscas  con los hijos puede ser motivante para toda la familia. Es también una manera de ayudar a los padres a permanecer contentos y alegres durante la crianza y evitar luchas por el poder.
  • “¡A ver quién gana ser el primero en llegar a la cocina para cenar!”
  • “¡Yo creo que yo voy a ganar a hacer el montón de legos más alto al regresarlos a las cajas!”
  • “Hoy en la cena vamos a jugar a que todos susurramos; el que habla fuerte pierde.”
  • “¡A ver quién logra quedarse callado por más tiempo en el carro!”
Hay muchas opciones creativas. A los niños les encanta ganarles a los padres.

¿Tú juegas con tus hijos? Comparte con nosotros tus juegos de competencia.

Referencia
http://hippiehousewife.blogspot.com/

Amenazas exageradas

Las amenazas exageradas son un juego útil para disipar la tensión y generar cooperación.

"Te voy a comer vivo" , "te voy a encerrar para siempre" , te voy a colgar de la lampara del techo de la uñita del dedito chiquito de tu pie" son ejemplos de amenazas exageradas que provocan risas a los niños pequeños.

A veces el juego se transforma en una competencia con el niño de a quien se le ocurren las amenazas mas absurdas.

La idea es crear una atmósfera de diversión y juego, no de antagonismo o lucha de poder.

CUIDADO: No se trata de asustar al niño. Nunca uses este tipo de juego si el niño es temeroso o le da miedo.

“Aunque…… te voy a querer mucho”

Hay muchos tipos de juegos: juegos de roles (como jugar a la casita o a los dinosaurios), juegos con objetos (carritos o muñecas) o juegos de tablero (Serpientes y escaleras o Memoria).

Sin embargo, en esta ocasión quiero referirme a juegos que surgen en la convivencia cotidiana con el hijo y que nos ayuda a estrechar nuestro lazo afectivo.

En el blog http://hippiehousewife.blogspot.com/ de una joven madre de familia de 28 años, me encontré la siguiente sugerencia. Este tipo de juego disipa situaciones tensas, quita el enojo, invita la cooperación y genera una atmósfera lúdica.

El niño necesita crecer con límites, rutinas, estructura y seguridad. Sin embargo a veces el niño quiere entender las reglas que le ponemos y también desea conocer las consecuencias cuando las viola. Por otro lado el niño necesita saber que lo queremos siempre e incondicionalmente.

Cuando el niño nos reta en la vida ordinaria y no quiere cumplir con una orden, podríamos empezar a regañar, amenazar y bla bla bla bla.

También podemos cambiar de enfoque.

Niño: “¿Qué pasaría si no pongo la mesa?

Mamá: “Aunque no pongas la mesa, te seguiría queriendo muchísimo”

Niño: (sonríe) “¿Y si rompo los platos?”

Mamá: “Aunque rompas toooooodos los platos de la casa, te seguiría queriendo”

Niño: (riendo)“¿Y qué pasaría si rompo todos los platos del mundo?”

Mamá: Si rompieras todos los platos y todas las tazas del mundo, aun así te quería mucho.”

Y así sucesivamente. El juego provoca risas y diversión. Se interrumpió el juego de poder. Al final la mamá abraza y besa al niño y lo manda a poner la mesa. ¡Ser padre lúdico no significa ser padre permisivo!

¿Te preocupan las faltas de respeto de tu hijo?

Disciplina positiva es decidir lo que vas a hacer y luego llevarlo a cabo firme y gentilmente, en vez de esperar que tu hijo se porte bien. Jane Nelsen
Una madre de familia me decía desesperada.
"Necesito que me orientes un poco. Se trata de Juan mi hijo de 4 años anda muy contestón, para todo dice "no" de forma grosera y avienta manazos. La semana pasada me operaron y mi mama ha estado con nosotras cuidándonos y atendiéndolo de todo a ella, pues apenas puedo ponerle una blusa y peinarlo Mi mama no ayuda mucho, pues le dice chamaco grosero, ya me voy a ir y a ver quién te atiende y así... Yo ando estresada y no he manejado bien las cosas, le grito, le he dado manazos... Mañana nos vamos a casa de mi mama, estaremos toda la semana y me temo que mis hermanas no ayuden en la situación. No sé como hacer para que Juan no sea contestón. Sugiéreme algo, por favor."
Este problema es muy común e inicia en edades tempranas. Casi todos los niños pasan por alguna etapa en la que prueban límites y expresan su independencia de manera inadecuada. En muchas ocasiones imitan a otros niños a personajes de la TV o a los adultos que se encargan de ellos. Es también común que los malos hábitos se agraven cuando la familia pasa por una crisis, como lo es la enfermedad de la madre.
Sin embargo, contestar de manera grosera o irrespetuosa es un problema que se extiende fácilmente y que no le gusta a ningún padre de familia, maestro, entrenador o vecino. Al mismo tiempo es uno de los problemas de la niñez más fáciles de abordar.

Síntomas

Si notas estos cinco síntomas en la conducta de tu hijo es necesario hacer algo.
1. Cuando le pides al niño que deje de “contestar feo”, no hace caso.
2. Sus faltas de respeto han aumentado.
3. Las faltas de respeto está arruinando el ambiente familiar y la relación con tu hijo.
4. Otros adultos y niños se quejan acerca de la conducta de tu hijo.
5. Tu hijo se conduce de manera irrespetuosa fuera de la casa.

Soluciones

1. Primeras intervenciones
a. Identifica la causa de su mal comportamiento.
¿Ha habido cambios familiares? ¿Se siente estresado o enojado??
¿Está imitando a otros niños o a los adultos que también hablan sin respeto?
¿Esta afirmando su voluntad o probando límites? ¿Busca control?
¿Llama la atención? ¿No se siente apreciado?
b. Observa tus propias reacciones con tu hijo. Si tú o tu pareja están utilizando un tono poco respetuoso, cambia tu conducta de manera que seas un modelo para tu hijo de la conducta que quieres enseñar.
c. Las expectativas son muy importantes. Anuncia que vas a modificar las reglas de la casa acerca del respeto que esperas cuando tu hijo se dirige a ti. “Cuando hable contigo no me gusta que me respondas con gestos. Me parece una falta de respeto”.
d. Monitorea los programas de TV que muestran personajes irrespetuosos.
e. Enseña a tus hijos virtudes como la compasión, el respeto y la cortesía. Tienes que modelar estos valores y hacer reflexiones frecuentes acerca de los mismos.
2. Respuesta rápida
a. Las faltas de respeto empeoran conforme el niño crece y aumenta su auto-confianza. Por ello es muy importante hacerles ver que es una conducta inaceptable. “Ese tono es irrespetuoso”. “Tú no me puedes decir cállate”.
b. La técnica de "Congélate - Replay". Se trata de explicarle al niño en una frase corta "esta manera de hablar no es aceptable" y luego dejar de interactuar con ella, hasta que diga las cosas de manera correcta. “No te voy a escuchar hasta que lo digas respetuosamente”. Luego aléjate y ya no escuches. No hagas caras o mandes señales no verbales. El truco está en “ignorar respetuosamente”. Cuando corrija su manera de hablar retomas la comunicación.
c. Mantén la calma. Gritar o sonar desesperado hace que la atención se dirija a tu enojo en vez de la conducta inapropiada de tu hijo.
d. Sé consistente.
e. No lo tomes personal.
f. Ponte de acuerdo con los otros adultos que están a cargo del niño.
3. Desarrolla hábitos de cambio
Cuando el niño no deja de hablar con faltas de respeto, es importante que la conducta del niño tenga consecuencias lógicas.
a. Pedir una disculpa, por escrito, en un dibujo o verbalmente.
b. Hacer algo para reparar el daño que hizo, por ejemplo ayudar en casa a la parte ofendida.
c. Regresar a casa al amiguito, si la falta de respeto fue hacia él.
d. Hacer un poster de privilegios. Dibujar las cosas que puede controlar el padre y que el niño puede vivir sin ellas (TV, helado, postre, visita a casa de amigos etc.) El niño pierde privilegios si continúa con las faltas de respeto. Empezar por los privilegios menos importantes para el niño.
e. Retirar al niño de la actividad familiar.
f. Reconecta con tu hijo. Hagan cosas lindas juntos.
g. Refuerza las acciones respetuosas del niño. “Esa manera de pedir es muy linda”.
Recuerda que los cambios requieren tiempo y consistencia. ¡Suerte!
Borba M. (2009) The big book of parenting solutions. Ed. Jossey-Bass

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Educación riesgosa: ¿Queremos fomentar conductas antisociales?


Ricardo acaba de recibir la noticia que no puede continuar en su escuela. Estaba cursando segundo secundaria y reprobó cinco materias. "Sin embargo su problema mayor es su conducta" explica el director de la escuela. Ha habido reportes por parte de varios padres de familia, cuyos hijos temen ir a la escuela por los abusos de Ricardo. Además Ricardo ha sido reportado en varias ocasiones por robo y mala conducta en el salón de clases.

Ricardo es hijos único, ha recibido malos tratos de parte de su padre y frecuentemente esta solo en casa durante las tardes.

Laurence Steinberg, experto en adolescencia y delincuencia juvenil resume claramente los estilos de educación paterna que llevan a conductas antisociales en la adolescencia.

1. Estilo excesivamente punitivo: agresión, abuso verbal y físico, castigos frecuentes, fuertes regaños.
2. Estilo inconsistente: permisos, prohibiciones y reglas que cambian continuamente.
3. Estilo excesivamente permisivo: ausencia de reglas y de limites, indiferencia paterna, falta de supervisión y negligencia.

En el peor de los casos los niños reciben una mezcla de estos tres tipos de estilos educativos. Los padres pasan de reacciones punitivas y agresivas para luego retirarse y mostrarse negligentes e indiferentes.

De acuerdo a Sternberg es mejor un estilo paterno cálido, calmado y firme. Taffel agrega que da buenos resultados expresar claramente las expectativas y aplicar consecuencias moderadas cuando se infringen reglas.

Lo que propone Sternberg para tratar a jóvenes que ha delinquido, puede ser útil para todos los padres que desean prevenir conductas temerarias, irresponsables y peligrosas. Sternberg insiste que estos métodos están comprobados empíricamente:

1. Trabajo con la familia, el contexto en el que crece el joven; en especial con los estilos paternos.
2. Trabajo con escuela en conjunción con la familia: los jóvenes comprometidos con la escuela tienen una menor propensión a delinquir.
3. Trabajo con el joven mismo, en especial con problemas de adicción y con problemas emocionales.




Fuente:
Video http://bigthink.com/ideas/17979

Como hablar para que el niño escuche


Educar a los hijos puede ser una tarea que a veces resulta cansada, difícil y exasperante. En la vida cotidiana es necesario que los niños escuchen cuando los adultos hablan para dar instrucciones, orientaciones u órdenes.

Existen situaciones que son peligrosas para los niños y es preciso que padres o maestros puedan protegerlos mediante consejos y prohibiciones. También es importante enseñarles habilidades, formas apropiadas de comportamiento e instruirlos en las tareas cotidianas para que los niños cooperen en el hogar.

Es frecuente que cuando los adultos no logran que los niños escuchen y obedezcan, recurren a prácticas de poder que francamente lastiman a los niños o que simplemente no son eficaces para lograr que los niños escuchen.

En esta cápsula informativa vamos a revisar aquellas formas de hablar o actuar que hieren a los niños, las que no funcionan y aquellas maneras apropiadas para ayudar a los padres y otros adultos a hablar de manera que los niños escuchen.

Formas de hablar y actuar que lastiman

Gritos e insultos. Es usual que los padres y maestros encuentren una manera de hacerse escuchar a través de gritos, insultos o uso de calificativos. Posiblemente son métodos que resulten efectivos, si por efectividad entendemos que el niño obedece. Sin embargo, son maneras de educar que tienen repercusiones negativas en la salud mental y emocional de los niños.

La educación a través de gritos e insultos no logra que el niño aprenda las lecciones de vida, los valores y los principios. ¡Simplemente el niño obedece por miedo! Esta forma de acercarse al niño lo lastima pues le quita confianza en sí mismo, lo hace sentir devaluado e insignificante y lo induce a desobedecer cuando los padres no estén presentes o no lo estén observando.

Castigo frecuente. Otros acercamientos poco útiles son aquellos donde los padres y maestros educan a través del castigo frecuente. Hay hogares donde los niños han sido castigados tan a menudo que llega un momento donde ya no existe nada más que castigar. O que los castigos son tan interminables que el niño no percibe la posibilidad de cumplir con la condena, se desanima y se rebela. En consecuencia el padre se desanima también pensando que el niño no tiene remedio.

Cuando el método educativo principal es el castigo, los niños reaccionan con resentimiento y rebeldía. Les parece injusto el castigo y además no tienen motivación para mejorar su comportamiento, ya que perciben el castigo como si fuera interminable. Otra de las desventajas es que el niño va a tender a ocultar la información negativa de su comportamiento, tratando de evitar el castigo. ¡Entonces aprende a mentir!

Castigo físico. Un procedimiento todavía más peligroso es aquél donde los adultos acuden al castigo físico para hacerse obedecer o para lograr que el niño escuche. Golpear, cachetear o lastimar de otras formas a los niños tiene graves repercusiones en su salud y su integridad. Posiblemente los niños obedezcan por terror, por sometimiento o por defensa y no aprenden ser responsables, honrados y cumplidos como tal vez lo quisieran sus padres.

Formas de hablar y actuar que usualmente no sirven

Hay otras maneras de hablar con los niños que usualmente tampoco fomentan que el niño escuche lo que se desea transmitirle:

Sermones no solicitados. Algunos ejemplos son: echar rollo, reclamar, rogar, predicar, apelar a la lógica o al sentido común. Estas son maneras de hacerse escuchar que frecuentemente tienen como consecuencia que el niño se haga de oídos sordos.

Moralizar. Algunos ejemplos son las siguientes expresiones paternas: “Si de veras me quisieras…”, “Porque no puedes ver que yo trabajo por ti, mientras tú…”, “Estoy tan deprimida porque tú…” y “Voy a dejar de estar deprimido si tu haces exactamente lo que te diga”. Estas aproximaciones inducen la culpa en el niño, no promueven el aprendizaje de valores.

Auto sacrificio y negación. Algunos ejemplos son: No solicitar nada para mantener la paz, anteponer la felicidad de los demás antes que la propia, continuamente justificarse y continuamente agradar a los demás. Este tipo de procedimiento educativo consiste en no educar para no confrontarse con el niño, por lo que no da como resultado la responsabilidad en el chico.

Hazlo espontáneamente. Algunos ejemplos de expresiones paternas son: “Tú deberías querer agradarme sin que te lo pida”, o “Quiero que laves los trastes, pero quiero que a ti se te ocurra solito sin que te lo tenga que pedir”. Aquí el padre solicita que al niño se le ocurra espontáneamente la conducta que desea el padre. Esta es una solicitud poco razonable y destinada al fracaso.

Muchos adultos que lean las listas arriba mencionadas pensaran que entonces ya no quedan estrategias para hablar de manera que los niños escuchen. Que ninguna está permitida o es eficiente. Esto no es así. A continuación se enumerarán las habilidades que pueden practicar los adultos para que los niños escuchen.

Como hablar para que el niño escuche

Faber y Mazlish (1989) proponen una lista de estrategias simples y efectivas para dar instrucciones a los niños sin lastimarlos ni ofenderlos.

1. Describa lo que ve o describa el problema: “Hay ropa tirada sobre la cama”.

2. Dé información: “No podemos irnos a dormir con la ropa sobre la cama”.

3. Dígalo con una palabra: “La ropa”.

4. Describa lo que siente: “No me gusta la ropa sobre la cama”.

5. Escriba una nota: En un letrero pegado a la puerta “Dóblame y ponme en el armario ¡Gracias! Tu ropa”.

Algunos padres pensarán cuando lean esta lista que es demasiado fácil para resultar efectivo. Sin embargo lo que muchas veces ignoran los adultos es que no es necesario subir el volumen de la voz o hablar en exceso. Es más útil ser preciso, claro y sencillo.

Alternativas para el castigo
Sin embargo a veces el niño no obedece estas instrucciones sencillas. Es entonces cuando se pueden implementar otras herramientas educativas como indicarle las maneras de ser útil, ofrecerle elecciones, indicar lo que se espera de él y permitir que experimente las consecuencias de su mal comportamiento sin discursos ni sermones. Abordamos este tema con más profundidad en la Cápsula informativa “Lo que necesitan los niños”.

Para terminar le proponemos que realice un ejercicio personal para descubrir las estrategias que usted mismo ha experimentado para hablar exitosamente con los niños y hacerlo de manera que no lastime su integridad.

Responda con cuidado lo siguiente y descubra su propia manera de hablar a los niños (o a alguna otra persona) de manera que estos escuchen.

1. Recuerda algún momento en el cual usted habló con un niño (puede ser su hijo, su nieto o alguien más) de una manera efectiva, logrando que el niño escuchara y obedeciera.
2. ¿Qué fue lo que hizo usted para ayudar a que el niño escuchara?
3. ¿Qué aprendió de usted mismo y de sus estrategias para hablar efectivamente?
4. ¿Qué podría hacer para aplicar más a menudo estas maneras de hablar efectivas?


Bibliografía
Faber, A. y Mazlish, E. (2001) Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen. México, Diana. Segunda Impresión.

Fotografía
Bar Umansky Photography-בר אומנסקי צילום

Como escuchar para que el niño hable

Para que los niños crezcan sanos, cuidados y felices es necesario que los adultos tengan una buena comunicación con ellos. Padres, maestros y otros mayores pueden aprender habilidades para mejorar su relación con los niños y de esta manera apoyarlos en su crecimiento.

Dentro de las estrategias es de particular importancia saber escuchar de una manera que facilite que los niños hablen. Cotidianamente los niños se enfrentan a dificultades, retos y peligros. Estos aparecen donde menos los espera uno: en la calle, en la escuela o dentro de ellos mismos ¿Cómo cuidar a los hijos si no sabemos que están viviendo? ¿Cómo educarlos y protegerlos si no conocemos sus experiencias?

Pero todo aquél que ha estado con los niños sabe que éstos no siempre descubren sus sentimientos o relatan sus experiencias de manera espontánea. Una parte de la tarea recae en los adultos. ¿Cómo escuchar para que los niños hablen?

Antes de contestar esta pregunta es necesario enumerar otros motivos por los cuales es importante escuchar a los niños.

• Los niños necesitan saber que sus sentimientos son aceptados y respetados. Son comunes los sentimientos de miedo, enojo o alegría, como los que se emiten en las siguientes expresiones infantiles: “Odio a mi hermanito”, “Los niños de la escuela se burlan de mí” o “Me gusta esta ranita que me encontré en el camino”.
• Todos los sentimientos pueden ser aceptados, aunque no todas las acciones pueden ser permitidas. Es comprensible que el niño no quiera a su hermanito, pero no por ello puede lastimarlo. Al escuchar los sentimientos podemos orientar al niño para enseñarle la diferencia entre los sentimientos aceptados y las acciones prohibidas o inaceptables.
• Un niño que puede expresar sus opiniones y sus ideas, es un niño que va a crecer con confianza en sí mismo. Cuando los adultos escuchan las opiniones del niño están apoyando su independencia, creatividad y autonomía.
• Además es fundamental para el niño contar con los adultos para narrar sus experiencias. El diálogo con los demás permite al niño elaborar sus vivencias, solucionar sus problemas, compartir sus dichas o resolver sus frustraciones.

En conclusión, el hábito de platicar con los niños y de saber escucharlos tiene como consecuencia el desarrollo de niños que confían en los adultos y que saben contar con ellos cuando los necesitan.


Reglas para una escucha eficaz

¿Pero como escuchar a los niños? ¿Qué estrategias ayudan al adulto en esta tarea?

Escuchar con silencio y atención. Para lograrlo es necesario atender al niño, dejar a un lado la tarea en la que uno está ocupado, sentarse a un lado del niño y verle la cara. A veces el adulto quiere continuar con sus labores al tiempo que platica con el niño. Esto no es una buena idea, pues fácilmente se puede trasmitir la idea de que no es importante lo que tiene que decir el niño.

Todo lo que dice el niño es significativo. El niño frecuentemente platica experiencias, que pueden parecerle al adulto aburridas, irrelevantes o tontas. ¡Para el niño son importantes! El adulto no debe de esperar que el niño comunique experiencias específicas. No es una buena idea interrogarlo. Es primordial escuchar lo que para el niño es valioso.

No es necesario hablar mucho. El adulto puede expresar que está escuchando al niño diciendo palabras como: “Aja”, “entiendo”, o “ya veo”.

Ponerle nombre a los sentimientos. Cuando el niño expresa sentimientos puede ser útil ayudarle a darle un nombre a estos sentimientos. Por ejemplo cuando el niño llora porque le quitaron sus dulces se puede decir: “¡Sí, da coraje que te quiten tus dulces!” o “¡Te molesta que te quiten tus cosas!”. De esta manera el niño puede aprender que sus sentimientos son válidos, que puede expresarlos, que son reconocidos y que los puede superar.

Conceder el deseo en la imaginación. Cuando el niño expresa un deseo frustrado o un sentimiento de fracaso, el adulto puede concederle su deseo en la imaginación. Por ejemplo cuando el niño lloriquea porque su padre está ausente o porque se acabaron las galletas se le puede decir “¡Ojalá estuviera tu papá aquí!” o “Me gustaría mucho darte la galleta de chocolate”.

Hacer preguntas curiosas. Es importante que el adulto se interese en la experiencia del niño y le haga preguntas (¡no interrogatorio!) que nazcan de la curiosidad. ¿Cómo vive el niño la experiencia? ¿Cómo lo soluciona? ¿Por qué es importante para él? ¿Cómo ha pensado resolver el problema?

Respetar hasta donde quiere hablar el niño. Para que la escucha no se transforme en un interrogatorio es importante que no se presione u obligue al niño a hablar o compartir más allá de lo que quiere el mismo niño. La confianza nace de las experiencias positivas donde el niño ha compartido lo que necesita compartir.

Para terminar se incluye un ejercicio que facilita el reconocimiento de las estrategias personales de escucha que usted ha practicado en su propia vida. Todas las personas han tenido experiencias de escucha donde han logrado que un niño o que otra persona hable (amigo, hermano o padre). Tal vez para algunos adultos es un uso común, mientras que para otros es una vivencia poco conocida. Sin embargo, es casi imposible pensar que nunca se ha dado esta escucha.

Responda con cuidado lo siguiente y descubra su propia manera de escuchar a los niños (o a alguna otra persona).

1. Recuerda algún momento en el que un niño, puede ser su hijo, su nieto o alguien más se acercó a usted y le confió sus pensamientos y sentimientos.
2. ¿Qué fue lo que hizo usted para ayudar a hablar al niño?
3. ¿Qué aprendió de usted y de sus estrategias de escucha a través de esta experiencia?
4. ¿Qué podría hacer para aplicar más a menudo estas experiencias de escucha?


Faber, A. y Mazlish, E. (2001) Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen. México, Diana. Segunda Impresión.